
Foto: Ian Carmona
En ocasiones resulta complicado determinar dónde inicia y dónde culmina una historia. Esta ocasión, para fines prĆ”cticos, diremos que en la explanada del perico, dentro de la FCC, donde a partir de las tres y media los estudiantes comenzaron a reunirse para esperar los autobuses que los llevarĆan a Colegio Civil: sede del primer Premio Nacional de Periodismo que se realiza fuera de la Ciudad de MĆ©xico.
Al recorrer el sitio con la mirada se podĆan identificar fĆ”cilmente los distintos grupos estudiantiles: chavos de los primeros semestres con una energĆa desbordante y la necesidad constante de registrar en selfies cada minuto de la espera; los de grupos deportivos con sonrisas en el rostro y un aire sumamente relajado; los de mesa directiva: trajeados ellos y entaconadas ellas, la crĆØme de la crĆØme; y mezclados entre la masa, muchos otros estudiantes platicando. Todos unidos bajo un lema comĆŗn: Comunicación somos todos.
Alrededor de las cinco cuarenta estĆ”bamos ya dentro del recinto, cada cual en su respectivo asiento. Durante la espera muchos estudiantes charlaban, tomaban fotografĆas y de cuando en cuando surgĆan olas de aplausos y gritos; se podĆa ver tambiĆ©n a los organizadores corriendo de aquĆ para allĆ”, hablando por celular y con la mirada de un punto a otro.
A las seis un camarógrafo, con quien entablĆ© una charla sobre el oficio, nos dio el pitazo de que galardonados y presidio habĆan arribado y contestaban una ronda de preguntas. Impulsada por la emoción, saltĆ© de mi asiento y corrĆ escaleras abajo para colarme a los pasillos de la primera planta desde donde fotógrafos y reporteros cubrĆan el evento.
Este dio inicio con un discurso por parte de Denise Dresser, quien fue maestra de ceremonias, y que a cada pausa era ovacionada, porque “avergonzar al diablo: ser periodista en MĆ©xico no es tarea fĆ”cil”. Con cada ola de aplausos una niƱa de siete meses, aproximadamente, saltaba en el regazo de su madre contagiada por la emoción general.
Posteriormente, se proyectaron varios vĆdeos. Primero, un homenaje silencioso a los periodistas desaparecidos en la prĆ”ctica de su labor. Segundo, un discurso de Jorge Ramos sobre la libertad de expresión, donde destacó que los periodistas “no nos vamos a callar, no nos vamos a sentar y no nos vamos a ir”. (Cabe resaltar que los presentes escuchaban sentados y en silencio y que al concluir el evento, como era lógico, se fueron).
Por último, una semblanza de los miembros del jurado, durante la cual el Dr. Mario Humberto Rojo Flores, Presidente del Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo, miraba el reloj y jugueteaba con sus dedos sobre la mesa probablemente nervioso por la calidad histórica del suceso. Después de esto se entregó a los miembros del jurado un reconocimiento por su participación y Manuel Falcón procedió a hablar sobre las experiencias del equipo.
Finalmente llegó el momento cumbre del evento: la entrega de las estatuillas representativas “Las Ć”guilas” realizadas por el escultor Juan Osorio. El primero en pasar fue Jaime Kuri Alza, ganador en el Ć”rea de divulgación cientĆfica y cultural por su documental: El Penacho de Moctezuma, plumaria del MĆ©xico antiguo, quien antes de bajar le pidió un beso a Denise Dresser.
El segundo en subir fue el cronista Hugo Roca Joglar por su trabajo: Lo que me dice el amor(Mahler en una cantina de Irapuato), quien resaltó el papel de la crónica como “una narración mĆ”s sensual, ligada a los sentimientos” e invitó a tomar una postura mĆ”s poĆ©tica “que busque lo que la gente siente”.
El siguiente fue el caricaturista DarĆo Castillejos LĆ”zcares por: La cultura en crisis; publicada en El Imparcial de Oaxaca quien dedicó su premio “a ellos, a los que hoy nos faltan”. DespuĆ©s tocó el turno a Rafael E. de Hoyos por su artĆculo de fondo: La evaluación que no evalĆŗa, quien no pudo asistir pero mandó a su hermano en representación.
A continuación subieron seis miembros del equipo de Uniradio por la cobertura noticiosa: RĆo Sonora quienes dedicaron el premio a los sonorenses y al periodista Alfredo JimĆ©nez, desaparecido hace diez aƱos. Inmediatamente, se mencionó a Juan Miguel Dimayuga Meneses por su fotografĆa: El niƱo autodefensa rumbo a la toma de Los Sandoval, ApatzingĆ”n; cuyo premio lo recibió Luciano Campos, corresponsal de Proceso, quien se adelantó a la proyección de la semblanza de su compaƱero.
Posteriormente, paso la periodista HĆ©rika MartĆnez Prado, ganadora por la entrevista realizada a un joven ex-sicario: Vivir para Matar quien comenzó su discurso de agradecimiento con un “no estoy acostumbrada a hablar, estoy acostumbrada a escribir”.
En seguida, Denise Dresser dijo “confieso con un perverso placer que es que anuncio el siguiente premio” y dio paso al equipo de Aristegui noticias por el reconocido reportaje de: La casa blanca de Enrique PeƱa Nieto. En su discurso Aristegui bromeó respecto a su salida de MVS Radio comentando “dice el programa que tenemos un minuto, quĆ© desconsiderados, sabiendo que tenemos una abstinencia radiofónica involuntaria”; asĆ mismo mencionó la relevancia del premio como promotor de la libertad de expresión.
Por Ćŗltimo, se entregó el premio a la trayectoria periodĆstica al fotógrafo Pedro Valtierra, quien con suma ternura y un “’toy nervioso” batalló buscando donde colocar la estatuilla y el reconocimiento para poder decir unas palabras, por medio de las cuales expresó que el periodismo es “uno de los oficios mĆ”s maravillosos”.
Para finalizar, se contó con unas breves palabras del rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Dr. JesĆŗs Ancer RodrĆguez y un discurso final de Denise Dresser donde mencionó que hay que “empujar el marco moral en su dirección –de la justicia-, en nuestra dirección”.
Al concluir, los aplausos inundaron el recinto, fotógrafos y periodistas se abalanzaron sobre Carmen buscando tomar una buena foto, lanzar una pregunta. Los otros galardonados, aquellos que no cuentan con la magia de la difusión masiva de la televisión y el radio, se fotografiaron con los jóvenes y charlaron entre colegas y amigos en un ambiente de mÔs calma.
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